¡Increíble! Espera el sorpresivo final.

Mi cliente Marian Gómez compró una Chevrolet Blazer y, por la prisa del momento, no esperó la confirmación definitiva del seguro. Habló conmigo para asegurarla y la cité en la aseguradora para la inspección y emisión de la póliza.
Acordamos la cita a las 11:00 a. m., pero ella llegó a las 10:00, una hora antes. Al llegar preguntó por mí y un corredor llamado José Rojas le dijo que yo no estaba, que él podía atenderla y que “era lo mismo”. Marian, confiada, aceptó y procedió a asegurar el vehículo con él. Como consecuencia, la comisión por la venta quedó a nombre de José Rojas y yo perdí ese cliente.
Cuando llegué a la hora pactada y confirmé que Marian no había asistido, la llamé y me informó que ya había asegurado la Blazer con José Rojas. Acepté la pérdida con disgusto y seguí mi trabajo, decepcionado por lo ocurrido.
Tres meses después me encontré con José Rojas en la oficina de la aseguradora. Caminaba cabizbajo y leía una carta con gesto angustiado. Le pregunté qué le pasaba y me contó que le habían rechazado un siniestro por robo alegando que el vehículo no contaba con el sistema antirrobo exigido. Según un anexo de la póliza, debía haberse instalado un dispositivo «Antirrobos mecánico» adicional y el vehículo debia presentarse a inspección en un plazo de tres días; de lo contrario la compañía no reconocería pérdidas por robo. José Rojas admitió que no se percató de ese requisito al emitir la póliza y no se lo informó a la asegurada.
En ese momento reconocí que se trataba de Marian Gomez, la clienta que me había sido arrebatada por él. Sentí la tentación de alegrarme por la desgracia ajena, pero mi criterio profesional y ética me impidieron ceder a la venganza. Decidí ayudarle.
Solicité el expediente y, como analista experto en siniestros, analicé el caso. Encontré puntos claros:
- El vehículo fue sustraído bajo coacción: en un semáforo, delincuentes en motocicletas la apuntaron con armas de fuego, obligaron a la conductora a bajar y se llevaron la Chevrolet Blazer.
- La causa de la pérdida fue el robo con violencia; es razonable inferir que, aunque el vehículo hubiera tenido instalado el sistema adicional antirrobo solicitado según anexo, el asalto armado igual habría ocurrido con iguales consecuencias.
- Por tanto; la falta del dispositivo antirrobo no fue la causa determinante del siniestro y el rechazo de la compañía era improcedente.
Redacté una carta técnica dirigida a la aseguradora exponiendo estos hechos y los fundamentos jurídicos y técnicos que sustentaban la reclamación.
Tras la presentación, la aseguradora revisó el expediente y procedió al pago.
Con este caso real queda de manifiesto la importancia de contratar coberturas con profesionales de trayectoria y ética, evitar atajos que pueden perjudicar seriamente al asegurado.
Por lo tanto: Si vas a asegurar un bien valioso, exige claridad, lee las pólizas y confía en quienes demuestran experiencia y transparencia.
Autor. T.S.S. Juan Vicente Colón.
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