Transcurría el año 1980. Una de las zonas francas de Venezuela apenas sobrevivía a la crisis económica que azotaba al país. El dólar 💵 se disparaba frente al bolívar, y la crisis energética mundial ⚡ golpeaba con fuerza nuestra economía, dependiente casi por completo del petróleo 🛢️.
Yo trabajaba en una aseguradora 📄 en el área de siniestros, y cualquier reclamo debía pasar por mis manos. Aquel día recibí el reporte de un incendio 🔥 de proporciones gigantescas, el cual devoraba toda una manzana comercial 🏬.
El fuego había comenzado en la madrugada 🌌. La isla carecía de un buen cuerpo de bomberos 🚒, y las llamas, alimentadas por el viento 🌬️, se propagaron con furia, arrasando veinticinco locales en pocas horas.
Debido a la magnitud del evento, viajé hasta la zona franca junto con mi investigador 🔍 y ajustador de pérdidas de confianza. Arribamos a la isla en nuestro avión privado ✈️ e iniciamos la investigación. Algo inusual llamó nuestra atención y la de las autoridades: todos los locales siniestrados pertenecían al mismo grupo económico. De los 26 locales de la manzana, solo uno se salvó, y este no pertenecía al grupo citado.
Los restos calcinados fueron analizados 🧪 y resultaron ser papel, cartón y trozos de madera. Ante tal evidencia y por la forma tan infantil en que presuntamente se planificó el incendio, emitimos una carta de rechazo 📬 alegando que la indemnización no era procedente.
Los asegurados y el bróker solicitaron reunirse conmigo 🤝, a lo cual accedí, manteniendo mi posición de rechazo. Tres días después, recibí una comunicación del agente de seguros indicándome que quería verme fuera de la oficina 🏢, en un lujoso restaurante de comida del medio oriente 🍽️, con suites en la parte alta.
Inocentemente, y por la amistad que mantenía con el corredor, acepté. Cuando llegué, fui conducido a una suite decorada con cortinas de seda y aromas exóticos 🌺. Un séquito de mujeres bellamente ataviadas con vestimentas orientales 💃 me recibió. La deliciosa música árabe 🎶, el perfume y la opulencia me envolvieron, y poco a poco, mi razón se nubló…
No se habló de negocios aquella noche. Solo un juego de miradas, gestos y caricias disfrazadas de hospitalidad… ✨ Al amanecer 🌅, la luz tímida se filtraba entre las cortinas y comprendí que esa velada quedaría tatuada en mi memoria para siempre.
Al día siguiente, ratifiqué la posición inicial de rechazo 📑. De ese expediente me quedó un dulce recuerdo que hoy, a mis 79 años 🎂, revive en mi memoria.
Lo lamentable fue que los asegurados perdieron todo 💔. Fueron inducidos a cometer un delito con la expectativa de cobrar un seguro. Este hecho demuestra la importancia de asesorarse con personas confiables y honestas. Recuerdo siempre la frase que mi padre me inculcó cuando yo era adolescente: «El camino mejor es el derecho» ⚖️.
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